¡Qué preciosa es la Palabra de Dios! Y Cuánto podemos aprender de ella. Hoy me doy cuenta de que nunca he sido realmente una mujer virtuosa. Al principio, esta verdad duele y confunde, pero también libera,
¡Qué preciosa es la Palabra de Dios! Y Cuánto podemos aprender de ella. Hoy me doy cuenta de que nunca he sido realmente una mujer virtuosa. Al principio, esta verdad duele y confunde, pero también libera,