Desde el principio el Espíritu Santo me dijo que creyera. Estaba pasando por pruebas de cáncer y mi esposo me estaba diciendo que no estaba enamorado de mí. Con orgullo, me quité mi anillo de bodas la noche que se fue y le dije que cuando él estuviese listo para ser mi esposo, él podría ponerlo de nuevo en mi dedo. Conseguí tu libro esa semana, pero antes de ponerme el anillo de nuevo en mi dedo, este se magulló donde “se supone” que va puesto el anillo. Esto fue sólo el comienzo del poder y la misericordia de Dios.
Quiero animarte a que vengas aquí todos los sábados para compartir tres cosas por las que estás agradecida, relacionadas con la semana pasada. Así es como convertimos el agradecimiento en un hábito, lo que por supuesto cambia la vida
