Y yo también lo sabía. No fue coincidencia. Fue Dios moviendo cada pieza con su perfección maravillosa. Él obra así: de maneras que nos sorprenden, que nos dejan sin palabras y que nos recuerdan que no depende de nosotras, sino de Él.
Y yo también lo sabía. No fue coincidencia. Fue Dios moviendo cada pieza con su perfección maravillosa. Él obra así: de maneras que nos sorprenden, que nos dejan sin palabras y que nos recuerdan que no depende de nosotras, sino de Él.